CAPÍTULO 1
La valentía de un pequeño
Érase una vez, hace mucho tiempo, un enorme prado, verde, lleno de una flora variada y decorativa. Tan sólo se veía árboles, arbustos y sembríos de rosas. Montañas al horizonte. Más cerca un bosque frondoso enorme. Todo esto era un Provincia Real del Reino de Oro, el reino del Rey Canesú y de la Reina Polis, los sagrados reyes de la Ciudad de los Reyes.
La Provincia Real se llamaba Crolis. El gobernador de esta Provincia Real se llamaba Apeles, el fauno. Era una pequeña criatura mitad humano y mitad cabra; o para ser más específico tenía cuerpo de hombre con mucho pelo y patas de cabra. Lo extraordinario de esto era que Apeles era el único mitad-humano que gobernaba una Provincia Real en toda la expansión del Reino de Oro y era el único en la historia.
Apeles era un fauno que fue adoptado siendo un fauno joven, cuando Polis era muy pequeña. Al referirme de un fauno joven quiere decir que tenía treinta años, los cuales los pasó viviendo en madrigueras de conejos y hoyos de enanos, debido a que fue huérfano desde que era un bebé. Sin familia tuvo que valerse por si mismo. Polis había vivido toda su vida en Crolis, y un día que fue al Santo Valle de Crolis a obtener moras para su padre encontró al pequeño fauno merodeando detrás de un arbusto. Ella lo alzó y el fauno le dijo que lo bajara. Polis le ofreció hogar y el fauno contento aceptó, desde este momento nació una eterna amistad.
Apeles fue de mucha ayuda en casa de Polis porque ayudaba en los quehaceres y ayudaba al padre de Polis, que era carpintero, en limpiar las herramientas y lo que hacía. Pasaron casi veinte años así. Polis era una hermosa joven de veinticuatro años.
El Rey Fausto llegó a Crolis con una cantidad exuberante de personas y seguidores, centinelas y guardias, y con su primogénito Canesú.
El Rey le enseñaba que hacer como rey, el Príncipe Canesú estaba encantado con el trabajo. El Príncipe Canesú fue a dar vueltas cerca al Santo Valle y conoció a Polis, sentada a la sombra de un árbol conversando con Apeles. Canesú estaba impactado, lo primero que hizo fue presentarse como el Príncipe de el Reino de Oro. Polis no se impresionó, dio la vuelta y se fue con su padre.
El príncipe insistió tanto que Polis le permitió halagarle. Polis quedó impactada por la sencillez del príncipe. El príncipe Canesú le ofreció hogar en un palacio, alimento, dinero y amor. Polis aceptó solo si se iba con Apeles. Canesú aceptó y los llevó.
El Rey Fausto murió semanas después, debido a una infección al pulmón, porque era adicto a fumar su pipa. Un elfo no pudo salvarlo, ni con su magia curativa, ni con sus cantos. El Rey murió.
En una ceremonia inmensa, que llevó consigo el funeral del antiguo Rey y la iniciación del Rey Canesú y la Reina Polis, se decretaron los nuevos cargos reales, de los cuales se nombró a Apeles como gobernador de Crolis, acto muy celebrado por la comunidad de faunos del Reino de Oro, pero no muy bien aceptada por el País de Faunos. Apeles fue nombrado gobernador por su inminente inteligencia formada en cincuenta años de vida.
Después de ganarse el título de Reino de la Paz y estar en orden, Apeles había gobernado casi por veinte años, ordenadamente, recibiendo visitas de la Reina Polis, apoyándose en Tutos; un enano muy amigo de Apeles, visitando a el padre de Polis, hasta que murió siendo un carpintero muy sabio y muy noble de ochenta y un años.
Apeles cumplió los setenta y un años siendo el gobernador de Crolis. Apeles se preguntó por qué Polis no lo había ido a ver ese mes y por qué ya no llegaban cartas de la Ciudad de los Reyes y por qué Geles, el centauro mensajero de Crolis, no regresaba. Apeles se sentía muy sólo. Y comenzó a apoyarse en Apecios, su primo.
- ¡Apecios! ¿Qué haré ahora que estoy incomunicado? – preguntó Apeles muy preocupado.
- Tonto fauno, tienes más de cabra que de humano. Quédate en Crolis. El señor de todos los males puede atraparte. Ya no eres un joven fauno – lo asustó Apecios.
- Pero, en todo este mes no he recibido noticias de la Ciudad de los Reyes, ni de sus cambios ni de nada. ¡Nada! – argumentó Apeles
- Apeles. ¡Por favor! Basta de hacer tonterías –
- Mira, ¡si es que no me quieres acompañar me iré sólo! O con el señor Tutos, el enano. Un amigo muy confiable que estoy seguro que se ofrecerá a ayudarme – dijo con tono de molestia Apeles.
- ¡Apeles no eres un fauno joven! –
- Mi cuerpo no es joven pero mi alma lo es. Fauno perezoso – dijo convencido Apeles.
Al día siguiente, el gobernador Apeles había ido a la plaza principal de la provincia real de Crolis para realizar un decreto. Después de un breve relato de Apeles, pusieron un pergamino estirado en la entrada del palacio provincial. Este decía:
“ POR DECRETO DEL GOBERNADOR DE CROLIS:
Todo aquel, que quiera acompañar al señor gobernador en la expedición a la Ciudad de los reyes, reportarse y escribir su nombre en las líneas punteadas del inferior de esta hoja. El enano Tutos, tiene la obligación de asistir a la expedición. ”
En la plaza principal estaba el gobernador con Tutos platicando en medio de la misma.
- ¡Señor gobernador! ¿Obligación? ¿Qué hice yo, señor? – preguntaba asustado Tutos, el enano.
- Ser un amigo muy fiel, eso hizo señor. – dijo sonriendo Apeles.
- ¡Augh! ¡Señor! – dijo con su ronca voz Tutos – Yo lo acompañaré, pero lo hago por obligación ¡Augh! Por todos los enanos sagrados. Esto va a salir muy mal –
- Gracias Tutos, pero guárdese su comentarios – dijo el gobernador y dio media vuelta y se fue a ver la lista de expedicionistas.
El gobernador cogió el papel, quedó impresionado pero no dijo nada más. El papel decía:
“ 1.- Apeles, el fauno
2.- Tutos, el enano. ¡Por obligación! (Esto estaba escrito con pluma. Tutos lo escribió)
3.- Apecios, el fauno ”
En realidad no se sabe si Apeles estaba mas sorprendido por que nadie se inscribió o por que Apecios se había inscrito sin ser obligado.
Debido a que iban a ir sólo tres criaturas de Crolis, Apeles pidió una pequeña carreta jalada por el unicornio mas fuerte del pueblo. También pidió que los elfos preparen todas sus cosas, de los tres.
Una comparsa enorme despidió del pueblo a los tres compañeros, hasta la salida del pueblo.
Un gran cartel los despedía. “Gracias por venir a Crolis – Provincia del Reino de Oro” Otro cartel más pequeño decía “A muchas millas de la Ciudad de los Reyes” Era un cartel falsificado, debajo de este decía “A 3200 kilómetros de distancia hasta la Ciudad de los Reyes”
- Tres mil doscientos kilómetros, es bastante – dijo Apecios.
- Exactamente dos días y 10 horas, casi tres – dijo Apeles.
- ¡ Augh! – dejo salir de su boca Tutos
- Que el señor del bien nos acompañe y que aleje al señor de todos los males – parecía rezar Apecios.
- Así sea – dijeron al unísono Apeles y Tutos.
El camino era muy largo, lleno de árboles, todos fruteros, hacían una vista hermosa, no les faltaría comida debido a lo que había dejado los elfos y los que podrían recoger de los fruteros ya que Tutos era muy bueno para eso.
Los tres, Apeles, el fauno de grandes pezuñas vestía un chaleco verde con el escudo del gobierno de Crolis, Apecios, el fauno con pequeñas pezuñas vestía un camisón azul que le regalaron en el norte del reino cuando era joven y trabajaba en las minas, y Tutos , el enano peludo conocedor de las antiguas tradiciones de la Tierra Pequeña, su lugar de nacimiento, un pequeño reino de solo enanos. Cuenta la historia que en el Reino de Oro antes había bosques enormes de robles habitados por trols que iban a destruir completamente el reino debido a su grandeza, que causaban destrozos y abusaban de los más pequeños. Cuando el semi – dios Engrios llegó al Reino de Oro, que antes no se llamaba así; simplemente era un valle enorme, para poner orden, debido a su sobrenatural fuerza, destruyó y echó uno por uno a todos los trols. Una vez que quedó solo trajo a su gente y se auto proclamó rey. Dicen que los trols se fueron a muchas partes del mundo y se olvidaron del antiguo reino de Engrios.
Se dice, también, que el Reino de Oro limita con las Tierras de Cavas, dominado por orcos y hombres de mala fe, hechiceros oscuros y sobre todo por el hechicero más poderoso de todos los tiempos, el príncipe de la oscuridad, el señor de todos los males, Ofer.
Dicen que Ofer reclutó gigantes, orcos y trols para dominar nuevas tierras, y atemorizar a más inocentes, porque el miedo y el sufrimiento lo hacía más poderoso. Pero aún así, parecía que Ofer estaba muy lejos de los tres compañeros.
Pues bien, volviendo con los tres amigos… Ya habían avanzado bastante casi un día y medio y todos se sentían cansados aunque habían dormido, pero todo el trajín era agotador. Apeles ordenó al unicornio detenerse. Este se detuvo. Los tres bajaron para relajarse y estirar las piernas.
Apeles observó los árboles y vio dos lechuzas conversando en las ramas de uno, aparentemente estas lo observaban.
- Hermosas aves, de cantos fríos, Apeles; gobernador de Crolis les saluda – se presentó Apeles.
- Doris – dijo una de las aves, sin prestarle atención a Apeles
- ¿Si Bertita?
- El chiquitín nos habla –
- Sí, me doy cuenta. Así parece, ¿Qué desea? – preguntó la lechuza que se llamaba Berta.
- Soy el gobernador de … - dijo Apeles
- ¡De Crolis! – interrumpió Doris y dejó escapar risas burlonas.
- ¿Qué sucede? – preguntó molesto el fauno
- Ay señor, usted envió un centauro hace unos días. Hablamos con él, muy apuesto pero … - decía Doris
- Lo encontramos muerto ese mismo día cerca de aquí. Un enorme trol de Cavas lo mató. Cruelmente – interrumpió Berta.
- ¿Geles? ¿Trol? Por la sangre de los reyes santos, válgame el cielo, ¡Piedad! – gritó asustado Apecios
- ¡Cálmate! – gritó Apeles – Señoras, ¿Están seguras de lo que hablan?
- Por mis plumas señor gobernador –
- ¡Augh! ¿Cómo es posible que un trol esté cerca de Crolis? ¿Cómo? ¿Y en la Ciudad de los Reyes los enormes centinelas no harían nada? Todo esto es muy raro. ¡Augh! – dijo Tutos
Apeles, desde ese momento estuvo muy callado, muy preocupado pero no lo demostraba. Apeles sabía que en el entero Reino de Oro no habían trols y que para haber llegado allí tenían que haber pasado por la Ciudad de los Reyes. Pero no, era verdad pronto verían el cuerpo de Geles. Apeles, Apecios y Tutos sabían que corrían un enorme peligro.
lunes, 26 de abril de 2010
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