CAPÍTULO 3
Un extraño encuentro
Apeles, Apecios y Tutos estaban muy fatigados.
El unicornio no dejaba de avanzar. El sol se estaba escondiendo.
- Creo que es hora de descansar, muchachos. Ya falta muy poco – dijo Apeles
- ¡Sí! ¡Augh! – respondió Tutos
- ¡Acá no había nada! Lechuzas mentirosas, no debimos fiarnos de ellas, nos metieron miedo. Geles debe estar en la Ciudad de los Reyes – dijo convencido Apecios
- Posiblemente – dijo tranquilamente Apeles
Los tres compañeros comenzaron a cantar canciones alrededor de una fogata, mientras el unicornio comía pasto alto de los bordes del camino. Los ánimos estaban tranquilos. Apecios cabeceó y se quedó dormido. Tutos demoró un poco más, porque observaba la flora que los rodeaba.
Pero Apeles se quedó despierto leyendo un libro la última carta de la Reina Polis.
Escuchó aullidos de lobos silvestres cerca, pero no temió. Después sintió como si muchos animales corrieran despavoridos. Luego sintió enormes pasos acercándose. “TODOS A LA MALEZA” gritó muchas veces Apeles. “¡TROL!”. Los dos que dormían despertaron de golpe y acompañaron asustados a Apeles. El fauno vio por un hueco de los árboles un enorme trol caminando y golpeando cada cosa. El unicornio los había acompañado, gracias a Dios, pensaría Apeles.
- ¿Qué fue eso? – dijo Apecios.
- Rayos…¡Augh! Un Trol – dijo notablemente asustado y exhausto Tutos.
- Un trol… - susurró Apeles.
- ¿Pero, porqué? – se preguntaba Apecios – Es imposible que un trol merodee por aquí
- Los trols ¡Augh! Son de Cavas – decía Tutos
- Un trol…- volvió a susurrar Apeles
- ¿Qué rayos te pasa a ti? – dijo Apecios
- Nada, nada. Muchachos estamos cerca es mejor que avancemos un poco más como que nos acercamos a la Ciudad de los Reyes y nos alejamos de ese monstruo – dijo Apeles
- De acuerdo –
Avanzaron un poco más en el unicornio. Las cosas estaban revueltas por lo que recientemente había pasado. Se detuvieron y se adentraron al bosque, por sea caso. Durmieron un poco. Llegó la mañana. Apeles salió a caminar un rato. Vio un riachuelo donde se lavó la cara. Un prado verde brillante lo recorría, era una vista hermosa. Observó detrás de él una gran roca, se acostó apoyado en esta.
De pronto una sombra extraña se acercó.
- Animalito, salga de allí –
- Perdón no sabía que era de usted – voltió a ver la persona dueña de esa sombra y era un hombre alto, con barba de color rojiza. Estaba herido pero se mantenía en pie.
- Pero, si tú eres…¡Apeles! Válgame el cielo Apeles. Fauno hermoso, ¿cómo estás? ¿Me viniste a salvar? –
- Señor…¿Rey Canesú? –
- ¡Hombre pero claro! –
- ¿Qué le pasó? –
- Ofer volvió. Me expulsó de una manera brutal de la Ciudad de los Reyes, me ha crecido un poco la barba, pero… ¿tan irreconocible estoy? Todo allá está mal. Polis quedó allí. No puedo volver, no tengo armas ni ejército –
- Eso explica esta situación. Lamentablemente. Eso explica el trol –
- ¿Con quién más estás? -
- Con dos crolisianos amigos míos -
- Seguro que con tu primo Apecios –
- Sí, señor. Perdón su majestad –
- Mientras no esté sentado en el trono, no me llames majestad. Tu eres mayor que yo, llámame Canesú simplemente –
- Sí señor, es decir Canesú –
- Apeles. Vamos a Crolis, allí podremos salvarnos. Por favor –
- No Canesú. Tenemos que salvar a Polis –
- Sí lo se, pero ella quisiera que nos salvemos. Y está en manos de Ofer. Yo la amo pero… -
- ¡Pero nada! Le debemos mucho a ella – interrumpió Apeles
Apeles dio la vuelta y se fue donde estaba el resto. El contó lo que había pasado. Canesú no lo siguió inmediatamente. Una vez que Apeles y los otros dos subieron a la carreta que jalaba el unicornio, apareció el Rey Canesú, vestido con su armadura dorada y la espada. El Rey los miró y dijo “Y señores ¡NOS VAMOS A LA CIUDAD DE LOS REYES!” Los tres estaban muy contentos y Apeles lo miraba y le agradecía con la mirada.
Siguieron el camino en el unicornio. Los tres compañeros se vistieron con ropas más ligeras mientras Canesú les contaba cómo había pasado todo exactamente. Se prepararon para llegar. Tenía armas ligeras como pequeñas dagas o espadas de contacto. Escudos pequeños, poderosos, pero no para una guerra. Llegaron un letrero decía:
“BIENVENIDOS: Real Ciudad de los Reyes”
El letrero estaba chamuscado y pintado con frases que decían “Viva Ofer” “El mal ha vuelto” “El Reino de Ofer”
La ciudad estaba desolada. Habían escombros. Pero no había una solo alma avanzaron a hurtadillas por el miedo. Comenzaron a avanzar. De pronto el grito de Tutos alarmó a los cuatro.
- ¿Qué pasó? –
- ¡Eso, eso! – señalando a los árboles
Era la imagen más horrible de sus vidas. Cuerpos de personas, faunos, enanos y elfos colgados de los árboles, con letreritos que decían “Por Subversivos, Viva el Rey Ofer”.
Apeles, Apecios, Tutos y el Rey Canesú avanzaron por lo que había sido la ciudad más bella del Reino. No querían ser oídos. Llegaron a la plaza principal. Nadie creía lo que veía. Habían tres orcos levantando una bandera: La de las Tierras de Cavas. Un pequeño fauno miraba lo que pasaba, gritaba y rechazaba esta acción. Uno de los orcos volteó, lo miró y lo cacheteó “¡Calla gusano!” Un humano que también estaba en la plaza fue a defender al fauno. El orco reaccionó y con su enorme mazo lo golpeó. El hombre y el fauno parecían ser los únicos no demonios cerca. Los dos orcos volvieron a golpear al humano. Ambos demonios rompieron en risa. Canesú observaba los abusos de los orcos. Canesú no soportaba esto. Desenvainó su espada la miró y le dio un beso y gritó “POR MI REINA”. Los orcos lo vieron y fueron a atacarle. Con unos buenos movimientos de espada, Canesú derrotó a los dos orcos. El humano lo vio y le habló:
- Señor, dignos mis ojos que lo vieron en una batalla – dijo el humano
- No puedo permitir que a mi gente la traten así, y menos en mi reino – dijo el Rey Canesú
- ¡Por fin, el Rey Canesú! – alzó la voz el humano
Canesú alzó su espada y sacó la bandera de las tierras de Cavas. Apeles, Apecios y Tutos fueron hacia donde estaba el Rey.
El palacio estaba semidestruido. El balcón estaba intacto pero de este estaba colgado una banderola que decía “OFER, REY DE TODO”
Todo esto le dio mucha rabia a Canesú. Canesú miró a la puerta que daba al balcón.
- ¡Sal de allí! – gritó Canesú
Pero nadie salió del balcón.
- ¿Ofer, Rey de Todo? ¡Ofer, Rey de Nada! – gritó nuevamente Canesú - ¡Sal de allí cobarde!
El balcón estaba vacío. Canesú cogió una piedra y a lanzó con todas sus fuerzas. Esta rompió una ventana.
- ¡Sal grandísimo cobarde! –
La puerta se abrió lentamente. Una figura extraña salió de esta. Ofer, vestido con las ropas de Canesú, estaba pronto en el balcón.
- ¿Cobarde? – preguntó Ofer sin mirarlo.
- ¡Cobarde! – gritó Canesú.
- Vete, sálvate. Ya te humillé –
- ¡Tú! Te mataré. Si no te mato yo… te matará uno de mis ancestros ¡Te lo juro! – gritó Canesú.
- ¿Tú crees? Vete – le dijo serenamente Ofer.
- ¡ESTE ES MI REINO! –
- Este es mi reino – dijo Ofer – Así que... ¡LARGO DE AQUÍ! – gritó Ofer y de su bastón salió una llama azul que estuvo a punto de caer en Canesú. Ofer cerró su puerta y en ese preciso instante un trol y diez orcos aparecieron corriendo hacia Canesú. Apeles, Apecios, Tutos, el humano, el pequeño fauno y el Rey salieron corriendo hasta la salida a la Tierra de Cavas. Se escondieron de sus atacantes. Tomaron un respiro. Y Apeles dijo:
- Comenzamos siendo tres. Ahora somos seis – dijo Apeles sonriendo.
- Irónico. Pero muy provechoso – dijo el hombre – Sin embargo, yo no soy del Reino de Oro, señor Rey – mirando al Rey – Soy del Reino Capital.
- ¡Ah! Muy bien. Entonces su nombre es… -
- Sir Fronz, señor –
- Ah muy bien – volteó la cara y miró al fauno – ¿Tú eres de otro reino puro?
- Reino Fauno, señor. Mi nombre es Arquendes –
- Arquendes y Sir Fronz. Bueno como sabrán yo soy Canesú, él es Apeles – decía el Rey. Miró a los otros dos – Preséntese muchachos.
- Yo soy Tutos, enano de Crolis ¡Augh! Aunque yo también soy de un reino puro, pero ya no lo frecuento – dijo sonriendo Tutos, nerviosamente.
- Y yo Apecios –
- Bueno muchachos, aunque ahora ya todos nos conocemos. No creo que sea buen momento para seguir con esto. Debemos saber que podemos hacer para terminar con esto – decía el Rey
- Sí señor – dijo Sir Fronz – Yo debería ir a el Reino Capital, para hablar con mi rey sobre todo este acto desastroso.
- Sí señor, yo también debería irme al Reino Fauno para conversar con el Rey Arquios -
- Tendremos que sacar provecho de esto ¡Ayúdenme! – pidió Canesú
Todos comenzaron a pensar. Sir Fronz dijo:
- Señor. ¿Por qué no va hacia los reinos puros a pedir ayuda? –
- ¿Usted cree que me hagan caso? –
- No lo sé señor. Pero como esta la situación es muy probable –
- Hábleme más de todo esto -
- En muchas partes de los reinos se han encontrado trols, orcos, y demonios. Muchos han sido expulsados, pero otros han destrozados ciudades pequeñas. Es por eso que tuve que venir hacia aquí, para ver que pasaba – esperó un rato y siguió con su relato – Señores. Creo que si nos repartimos podremos hacerlo. Rey, usted y yo podremos ir hacia mi reino, podremos hablar ambos con el rey y después vamos al Reino Elfo, tengo conocidos allí. Los tres faunos pueden ir juntos hacia el reino de Arquendes. El enano puede ir a su reino, con su unicornio. ¿Está de acuerdo? Una vez con una respuesta nos encontramos en este mismo lugar. Es seguro. Máximo tres días – dijo Sir Fronz.
- Es usted un genio – dijo convencido el Rey.
miércoles, 28 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario