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martes, 27 de abril de 2010

El Reino de Oro, la Batalla de los Seis Reinos (CAPITULO 2)

CAPÍTULO 2
En un palacio en La Ciudad de los Reyes

La Ciudad de los Reyes tiene una historia muy intensa. Cuando Engrios gobernaba el reino puso muchos fortines cerca de la frontera con las Tierras de Cavas, por temor a que Ofer se presentara. Ofer se aprovechó de esto y con un simple ejército mató a Engrios y volvió a tomar la Ciudad de los Reyes. Los poblanos y defensores del reino se levantaron y los 5 reinos; los humanos, faunos, enanos, centauros y elfos; buscaron derrotar al reino más pequeño, el reino de la oscuridad liderado por Ofer. Encarnos, hijo de Engrios, con su espada de oro mató a Ofer, muy herido Encarnos fue nombrado primer rey del Reino de Oro, puesto así por su espada.
Se dice también de un hechicero oscuro revivió a su eterno jefe Ofer, pero nunca más se supo de este hechicero. Las dríades y los adivinadores decían que Ofer estaba vivo.
En un enorme salón en medio de un gran vestíbulo limpiaba los muebles una criada. En uno descansaba un perro.
- Levántese, cachorro perezoso que los reyes se van a molestar – dijo la criada
- Discúlpame -
- Sí, sí. Pero váyase para la cocina –
- Sí señora –
La criada limpió el mueble de donde había estado descansando el perro. Subió al segundo piso por unas escaleras con barandas de oro. Caminó por un largo pasillo y de su delantal sacó una campanilla y la tocó: “ Desayunoooo” gritó la criada.
La reina Polis despertó, miró el reloj. Se lavó la cara y se aseó. Levantó a su marido, el Rey Canesú.
- Dios me dio de premio poder observar tu rostro cada mañana, apreciar tu pelo oscuro tan bello, tus ojos que me impresionan todos los días – le dijo sinceramente el Rey a la Reina.
- Gracias amor –
Era la hora de tomar el desayuno. Los reyes bajaron al primer piso juntos. Un enorme banquete. Ambos comieron muy bien.
- Señora, su majestad – dijo la criada
- ¿Qué pasó? ¿Podría yo enterarme de las nuevas? –
- Si señora. Un centauro mensajero desea ver a la pareja real. Los centinelas dicen que no trae armas y no es peligroso –
- Si señora dígale que lo espero en la sala de reuniones. Prefiero ir solo amor – le dijo el Rey a su Reina. Canesú bajó y entró a la sala.
- Señor. Un honor estar en una misma sala con usted – dijo el centauro.
- Un placer.
- Tengo que darle noticias muy importantes señor.
- Continúe.
- Ofer está vivo. Un mago negro lo revivió, Ofer lo mató una vez vivo. Han pasado diez años y ha reclutado gente y parece que todo depende de usted. Usted es que tendrá que … -
- ¡Calla centauro estúpido! ¡Dices calumnias! – interrumpió el rey.
- Señor no miento, nunca mentiría de algo así, menos a usted, señor – dijo calmado el centauro.
- ¡Cállese! –
- ¡Señor! –
- ¡Vete al diablo prospecto de hombre! –
Y como deben saber ustedes, a los centauros no les puedes decir cosas como esas. Son más humanos que caballos.
Después de muchos insultos de parte del rey, que se notaba fríamente asustado, la paciencia del centauro llegó al límite. El centauro furioso atacó al rey. Una patada de un centauro puede matar a cualquier persona, pero el rey siendo alguien muy fuerte no fue asesinado. El rey quedó en el piso, con sangre que le bajaba por las mejillas. El centauro estaba realmente furioso. Los centinelas del rey se percataron de lo que había ocurrido. Entraron a la sala de reuniones y dos enormes hombres habían detenido al centauro. Se le dio la pena de muerte al instante.
- Atacar al rey. ¡Estás loco centauro estúpido! – dijo un enorme centinela mientras lo amarraba a un madero. Parecía ser el capitán de la seguridad del palacio.
- Señor. El garrote está listo –
- Idiotas. Háganme caso ¡Ofer está vivo! ¡Más vivo que el rey! Todos morirán. Ofer los matará uno por uno. El rey es un estúpido. Ustedes se meten en graves problemas –
- ¡Ja! El rey todo lo sabe. ¡Blasfemas! – dijo el capitán mientras cogía la soga que sostenía el garrote – ¡Que esto les enseñe a no meterse con el rey!
El capitán soltó la soga. El garrote cayó. La cabeza del unicornio salió disparada.
El capitán la cogió. Salió a la plaza principal y comenzó a gritar: “Esto les pasará a los que blasfemen y ataquen al rey. Idiotas”
La gente miraba aterrorizada. Los niños lloraban. Tenían mucho miedo. Los hombres mayores y los enanos con los faunos adultos insultaban y se quejaban por haber hecho eso.
Volvamos con el rey. El rey yacía descansando en una cama del hospital de la ciudad de los reyes. Tenía heridas en la cara y un golpe en el brazo de la caída. El rey Canesú pasó con pensamientos del hecho toda la tarde. “Ofer, no está vivo. Ofer murió. Encarnos lo mató. Centauro estúpido”
A la habitación donde descansaba el rey llegó la reina Polis.
- Canesú, calmado. No va a pasar nada. Ofer no esta vivo –
- Los elfos pueden revivirlo, los magos negros del oriente, los hechiceros oscuros. Si Ofer está vivo todos los reinos pueden sublevarse. Ofer es el mal vivo. Si está vivo el mal atacará –
- Pero Canesú –
- Mujer. Escúchame – la interrumpió Canesú – Somos el Reino de Oro, el Reino de la Paz. Los únicos que vivimos los cinco reinos juntos. Faunos, centauros, elfos, enanos y humanos. Los faunos son muy poderosos, los centauros son demasiados feroces, los elfos y su magia apoyados con las dríades nos pueden destrozar, los enanos y su inacabable inteligencia nos pueden matar y los humanos y sus armas nos podrían matar a todos. Y Ofer. El sexto reino. Sus demonios. Nos matarían con su tamaño y su magia prohibida. Por algo somos el reino de la paz. Todos los cinco reinos vivimos juntos. El sexto fue expulsado. Por ahora tenemos que aliarnos, si es verdad, con un reino puro.
- Canesú. Respira –
- No es fácil todo esto –
Los ánimos se calmaron un rato. La criada llegó a la habitación.
- Mis reyes, majestades. Tengo una carta del reino de los centauros –
- Leala por favor – dijo ciertamente asustado por lo que diría esa carta.
- “Mis estimados reyes: Nosotros somos los jefes de los centauros. Hemos llegado a sus tierras para hacer investigaciones del trato que se da a nuestros compañeros centauros en sus tierras. Nos enteramos lamentablemente de la ejecución de una pena de muerte a uno de los nuestros. Todos los centauros de su reino serán llevados a nuestras tierras. No deberían llamarse reino de la paz. Firma: Atentamente.
Celerius. Rey de Centauros.”
- ¡Válgame! Por la sangre de los reyes santos. Faltan cuatro reinos para revelarse – decía asustado el Rey, mientras la criada dejaba la carta y se retiraba del cuarto. La noticia de Ofer había llegado muy lejos. La noticia del regreso de Ofer se hablaba por todas las calles, aunque el Rey estaba un poco más tranquilo, se había dado cuenta que debía estar preparado para un ataque. Canesú mandó a preparar a muchos soldados en las barracas de la Ciudad de los Reyes.
Mucha gente quedó aterrorizada por lo ocurrido. Muchas criaturas se iban a sus tierras, también llamadas reinos puros.
Habían un grupo de elfos que conversaban entre ellos “Imagínense que no le gusten los elfos” se escuchaba por allí, y así se escuchaba de cada especie. El reino estaba totalmente revuelto. Algunos no iban a trabajar en son de huelga. Algunos, pero en poco número, gritaban fuera del palacio.
Pasaron los días. El rey Canesú estaba recuperado y salió al balcón del palacio que daba con el parque principal y tenía una vista hermosa. Un bosque enorme que limitaba la Ciudad de los Reyes. Y no muy lejos la salida de la Ciudad de los Reyes que daba con las Tierras de Cavas.
Se puso a ver todo el alrededor. La gente lo miraba mal. De pronto un enano muy desesperado llegó a los ojos del Rey. En la plaza principal gritaba y gemía en desesperación.
- ¡No! Ha vuelto. Sus demonios me quieren matar – gritaba el enano asustado y malherido.
- ¿Qué rayos? – gritaba el rey de su balcón
- ¡Ofer! Vivo, el y su ejército. Están viniendo – el enano se desplomó.
A la cabeza de Canesú sólo llegaba muerte y desolación. “Dios mío” sólo pensaba el rey. Estuvo un tiempo petrificado y cuando volvió en sí y le gritó al capitán de su seguridad.
- Llame a cuatrocientas criaturas, todas armadas, guerreros de filo, pronto en menos de una hora, nos vemos en la entrada de la Ciudad de los Reyes . Hoy hay guerra – dijo seriamente el Rey.
Una hora después, él y el capitán y sus cuatrocientos hombres formaban militarmente en la entrada a la ciudad que daba a las Tierras de Cavas.
Armados con todo. Elfos militares, enanos militares, personas con lanzas y arqueros. Delante de todos estos el Rey Canesú con una armadura de oro en el pecho, que decía en letras muy pequeñas en un costado “Te amo Polis”.
El rey gritó a su gente “MUCHACHOS. HOY HAY GUERRA. ¡POR EL REINO DE ORO!¡POR TODOS USTEDES!¡POR TODOS LOS REYES SANTOS!¡POR DIOS!”
Cuando terminó de hablar el rey todos los cuatrocientos hombres gritaron de euforia. El capitán esperaba.
El Rey se puso a ver la entrada. Un enorme trol se apareció llegó corriendo. Canesú ordenó a los arqueros reducirlo. Fue sencillo pero los había distraído. Cuando nadie se había dado cuenta el enorme bosque hermoso había sido totalmente destruido y gigantes, trols enormes y orcos, habían aparecido a atacar a los del Reino de Oro. Sin embargo Ofer no aparecía. Canesú desenvainó su espada y comenzó a destruir a orco por orco. Volteó la cara y vio que su ejército era muy reducido, muchas rocas tiradas por los gigantes había destruido parte de su ejército. El capitán no podía creer lo que veía, se quedo algunos segundos viendo la escena cuando voltio, un mazo enorme de un trol lo embistió por delante. El capitán salió volando, un orco armado lo redujo. Canesú no podía creerlo.
De pronto todos los orcos, trols y gigantes dejaron de pelear, hicieron una especie de pasadizo. Pronto estaría pasando por ese pasadizo Ofer, una nube azul oscura le pasaba todo el cuerpo, el mago con la cara tapada, una túnica negra lo protegía, una capucha era la q tapaba su cara. Estuvo al lado de Canesú.
- ¡Ofer, Detente! – gritó asustado el rey.
- Tarado, Canesú. Te maldigo a ti y todos tus ancestros – dijo serenamente Ofer. Se sacó la capucha y dejó ver su horrible cara con unos ojos rojos muy ardientes. Miró directamente a los ojos de Canesú y este cayó al piso. Canesú se había debilitado por la mirada de Ofer.
Ofer alzó a Canesú del cuello. Canesú estaba aún muy débil. Ofer lo miró y le dijo:
- Ahora ni Encarnos ni Engrios pueden salvarte – lo lanzó al aire y del bastón de Ofer salió una llama azul que golpeó al Rey. Canesú salió volando por los aires a una velocidad impactante. Canesú sólo tuvo fuerzas para bajar su cabeza y ver la escena en cuestión de segundos. Vio la enorme destrucción causada por los demonios de Ofer. Ofer había ganado.
Los de Ofer eran menos, pero más poderosos, pronto ya habían conquistado la Ciudad de los Reyes y habían cerrado todas las salidas a las provincias. Los trols destruían casas, barracas, mercados, puestitos y todo lo que encontraban. Ofer entró al palacio, como en su casa, y vio a Polis cargando a su hijo en brazos. “Ni tu ni tu hijo, podrán salvarse. Pero ya veré que haré con ustedes dos” decía Ofer pero Polis no respondía. Ofer mandó a que los encierren a los dos. Ofer había destruido la ciudad en cuestión de segundos.Canesú estaba golpeado. No reconocía lo que había alrededor. Estaba atrapado entre la maleza y no veía nada que lo ubicara. Se recostó en una enorme roca, y dejó caer lágrimas. Había fracasado. El Rey caminó un poco, vio un río y se aseó. Un árbol le daba sombra, como para no sofocarse con el intenso sol. El Rey dejo su espada de oro y su escudo y le dio un beso al “Te amo Polis”. Lavó su cara y su rojiza cabellera y su barba. Canesú estaba en un espeso bosque, perdido.

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